Habemus plan

POR FEDERICO A. JOVINE.- Todo lo que tenga que ver con impuestos genera suspicacias. Su solo nombre –“impuesto”– revela la naturaleza coercitiva de todo tributo, y, por ende, explica el porqué del rechazo que generan.
Ayer el gobierno presentó su paquete de “medidas pro–crecimiento económico y mitigación de la crisis internacional”. Contrario a lo que se suponía, y a lo que habían sido sus dos esfuerzos anteriores (2022 y 2024), esta vez el gobierno apostó a socializar un paquete de medidas tributarias que busca “proteger a los que menos tienen, no cargar más a la clase media, incentivar la producción y la inversión”.
Para el gobierno, los desafíos planteados por la guerra en Irán deben ser manejados con “responsabilidad fiscal y sensibilidad social”. Sobra decir que durante los 104 días que lleva el conflicto, ambos criterios han primado al momento de tomar decisiones e implementar medidas.
El marco impositivo vigente no sólo está agotado, sino que en muchos casos contribuye a limitar la capacidad de expansión y dinamismo de los agentes económicos. Bajo las actuales circunstancias y el clima de incertidumbre, sostener el gasto total del gobierno sólo puede lograrse a costa de generar una mayor inflación, un desbalance fiscal o una desaceleración del crecimiento. El desafío del gobierno es aumentar sus ingresos, sin romper ese delicado equilibrio.
El ministro Magín Diaz es un tecnócrata metódico. Una rara avis que combina doctrina y academicismo, con un pragmatismo que pondera timing y realpolitik como fundamentos esenciales de toda política económica exitosa. Si estando fuera del gobierno (2024) señaló –acertadamente– las razones del fracaso de aquel esfuerzo impositivo, en 2026 tendría la oportunidad de tocar con guitarra la partitura musical que antes tocó con violín… y así lo hizo.
El presidente Abinader vio la crisis como una oportunidad de mejora, y lejos de enfocarse en cuadrar los grandes números, priorizó como eje de cualquier intervención la protección de la calidad de vida de los dominicanos y la estabilidad económica, política y social. Financiar eso, cuesta, y lejos de exprimir a los contribuyentes, el ministro apuesta a crear condiciones que permitan que la economía se dinamice y crezca.
El plan anticrisis plantea medidas para (1) estimular el crecimiento económico, (2) simplificación/facilitación tributaria, (3) combatir el incumplimiento/evasión y (4) actualizar el sistema tributario/consolidación fiscal. Visto desde fuera, sin conocimientos económicos especializados en la materia y sin haber visto modelos y proyecciones, el plan luce pensado, mesurado, proporcional y razonado. El ministro Diaz reconoció que no es el plan óptimo ni deseable, pero es el plan posible.
Toca salir a explicar bien a la gente cómo el plan impactará favorablemente en muchos aspectos del día a día de ciudadanos, clases, rubros y sectores. Críticas habrá, y deben ser escuchadas y valoradas… Mientras, la propuesta del gobierno está ahí. Toca ahora debatir, discutir, criticar, proponer y mejorar, pero, lo importante es que el gobierno ha iniciado el camino del diálogo con firmeza, determinación y transparencia.





